Archivos Mensuales: noviembre 2012

Encuentro

Por qué no decir que su corazón
Era de piedra
Una hermosa tallada en forma de amapola
Que movía los sentimientos por todo su cuerpo
Como lo hubiese hecho en su lugar
Uno de carne
Mujer de pecho impenetrable y hosco
Qué guante de estaño se hundió en tu seno
Cuál cólera el destino vertió sobre tus alas
Por qué tus ojos tan desecados
Tu mano tan firme
Como de quien ha caminado las penas
De un largo sendero misterioso
Prohibido a los otros mortales

Por qué no decir que sus ojos
Me ponían a llorar si me miraban

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Los Grandes Maestros y otros

LOS GRANDES MAESTROS no se hubieran preocupado por tus ojos, llorando frívolos en una despedida. Los grandes trascienden lo que tocan y no han tocado tus ojos como yo, a través de tus ojos más antiguos, donde no te pertenecen, llenos del mar gota a gota. Ignoran ellos ese salado paisaje que conmueve a un estudiante. Sus maestrías danzan para colarse en la mesa de los que aún están muertos, y perdurar en los cafés últimos del big bang. Yo prefiero la gratitud de tu visión y algún aplausillo contemporáneo. Después de todo, si no fuera por los grandes maestros, qué novedad serían tus ojos, llorando frívolos en una despedida.

OFICIO
El pararrayos conduce a los aleros, los aleros conducen a la ventana, la ventana rota al baño clausurado, que tiene una Abertura en el techo que conduce a las estrellas. Agilidad es su nombre. Se peina los bigotes y disfruta de la noche un instante, para apagar la radio de la vida, el programa de la selección natural, la competencia.
Padre, me miro en el espejo y solo me veo a mí mismo.
No quiero ser un Quijote arremetiendo contra los ventiladores de techo.
El pelo se me cae desde que pesqué el virus de la profundidad.
No sé si existe Dios.
La maldita circunstancia del agua dentro del útero.
Con el alba espero a mi última mujer, que me devuelve, madre, a la condición del
sueño.
Es tarde, ya nada turba el pesado silencio de la noche. La abertura en el suelo conduce al baño clausurado que tiene una ventana rota, la ventana rota conduce a los aleros, los aleros al pararrayos, el pararrayos que conduce a lo desconocido.

CIRCO
Hay jinetes en el comedor y los pasillos. Me niego a mecanizarme y el domador deglute mi número. Mi marca de res para que asista a la conferencia sobre no sacar alimentos, no hablar alto, no extenuar teléfonos… no copular con la porfía de las sombras.
Nutritivo, el árbol del bien y el mal.