Archivo de la categoría: El devorador de tiempo

El escritor de lo triste

Soy un escritor de lo triste

En mis mejores poemas ronda la muerte

Mis títulos preferidos son:

La despedida

El corazón mutilado

Lo irremediable

La puñalada del destino

Pero qué puedo yo

si mi canto se encapricha en cantar la belleza

de las cosas tristes

Si el dolor me excita

como el reencuentro con un viejo amigo

Si la vida me hizo poeta de llanto literario

Yo solo estoy devolviendo

–como un espejo– lo vivido:

La despedida

El corazón mutilado

Lo irremediable

La puñalada del destino

que me hizo escritor de lo triste

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imagen de Ilona Pulkstene

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Encuentro

Por qué no decir que su corazón
Era de piedra
Una hermosa tallada en forma de amapola
Que movía los sentimientos por todo su cuerpo
Como lo hubiese hecho en su lugar
Uno de carne
Mujer de pecho impenetrable y hosco
Qué guante de estaño se hundió en tu seno
Cuál cólera el destino vertió sobre tus alas
Por qué tus ojos tan desecados
Tu mano tan firme
Como de quien ha caminado las penas
De un largo sendero misterioso
Prohibido a los otros mortales

Por qué no decir que sus ojos
Me ponían a llorar si me miraban

Los Grandes Maestros y otros

LOS GRANDES MAESTROS no se hubieran preocupado por tus ojos, llorando frívolos en una despedida. Los grandes trascienden lo que tocan y no han tocado tus ojos como yo, a través de tus ojos más antiguos, donde no te pertenecen, llenos del mar gota a gota. Ignoran ellos ese salado paisaje que conmueve a un estudiante. Sus maestrías danzan para colarse en la mesa de los que aún están muertos, y perdurar en los cafés últimos del big bang. Yo prefiero la gratitud de tu visión y algún aplausillo contemporáneo. Después de todo, si no fuera por los grandes maestros, qué novedad serían tus ojos, llorando frívolos en una despedida.

OFICIO
El pararrayos conduce a los aleros, los aleros conducen a la ventana, la ventana rota al baño clausurado, que tiene una Abertura en el techo que conduce a las estrellas. Agilidad es su nombre. Se peina los bigotes y disfruta de la noche un instante, para apagar la radio de la vida, el programa de la selección natural, la competencia.
Padre, me miro en el espejo y solo me veo a mí mismo.
No quiero ser un Quijote arremetiendo contra los ventiladores de techo.
El pelo se me cae desde que pesqué el virus de la profundidad.
No sé si existe Dios.
La maldita circunstancia del agua dentro del útero.
Con el alba espero a mi última mujer, que me devuelve, madre, a la condición del
sueño.
Es tarde, ya nada turba el pesado silencio de la noche. La abertura en el suelo conduce al baño clausurado que tiene una ventana rota, la ventana rota conduce a los aleros, los aleros al pararrayos, el pararrayos que conduce a lo desconocido.

CIRCO
Hay jinetes en el comedor y los pasillos. Me niego a mecanizarme y el domador deglute mi número. Mi marca de res para que asista a la conferencia sobre no sacar alimentos, no hablar alto, no extenuar teléfonos… no copular con la porfía de las sombras.
Nutritivo, el árbol del bien y el mal.

Quimera

Me llamo ciudad
ilusión sobre las olas
éxtasis para ojos de peregrinos

Me llamo ruina
voz en el secreto de la tierra
hamaca de guijarros para el viajero tozudo

Me llamo historia
sueño que acoge tu noche
ambición voraz que impele a proseguir

Me nombras mujer
entelequia del amor
Soy quien espera en el punto más alejado

Mi alimento es el eco de tu marcha

Punto medio

Algún pedazo de historia me pertenece

Un poco del mundo hay en mí

He dejado mi marca en el corazón de algunos

Gente de paso, otros que quedan

Enemigos infieles, hermanos desaparecidos

Alguna esquina de la vida he gastado

Con mi constante fuga

Mi andar sobre las olas

He saboreado el amor y engendrado hijos

He visitado ciudades para interrogar torres y calles

La memoria avara de las piedras,

He leído una horda de libros

Que se alejaron escapando de mi mente hibernal

No sé quién soy pero he hecho lo posible

Para no preocuparme por esa tontería,

Los años ahora saltan más de prisa el portón

Como corderos que invitan al sueño de Caronte

El dilema es no cerrar los ojos

Antes del momento.

A Borges, quien no puede leerme

Y no creo que me leería si viviese

porque soy un poeta menor

de la antología.

La verdad es que no entiendo

todos sus poemas,

todas las palabras, imágenes,

metáforas que compuso.

Mientras yo leo A QUIEN ESTÁ LEYÉNDOME,

usted me amenaza con la muerte,

Con el olvido, que es otra variante.

Es verdad que moriré como cualquiera,

No dejando ni una gloria infeliz,

ni un rastro de mi destino ordinario

Quizás ya estoy muerto, como dijo usted,

cuando otro lee, quizás, esta protesta

llena de erratas.

Pero hay otra verdad, poeta genial,

a la que me aferro con lógica irrebatible

y es que, en el momento en que escribo

todavía respiro, usted no

y eso me basta.

Resumen

Todavía soy el mismo

Sigo amando la soledad

aunque la traicione

con el resto de mi vida

donde me integro

al ruido de este mundo

sin fin

Regreso a buscar a mi amante

como un adicto a la calma

En un rincón

sigo tirado

aunque no en el mismo

lugar, quiero decir

lejos de mi origen

después de todo el tiempo

la distancia

sigo profanando la hoja estéril

como siempre.

Photographe : Vlad VDK
MUA : Maud Liegeois
Modèle / Styliste : Jean Pol Fontesse